El tIeMpO
dEsCosiÉnDoSe
“…Mientras tanto,
sobrevivo. Aunque sé que esto es como la galera del mago: puedes fingir que no
hay nada adentro, pero sabes que ahí, tras un pañuelo blanco está latiendo una
paloma. Y puede salir en cualquier momento…”
Begoña Oro.
Perder el tiempo, tiempo perdido, sentir que perdimos el tiempo, que perdemos el tiempo, sentir que pierdo. Nunca estuve
tan obsesionada con la idea de pérdida del tiempo como ahora. Cuando camino por
la calle y veo personas que podríamos ser vos y yo. Con cualquier escena cotidiana; y sí, sobre todo con ésas, con los más comunes acontecimientos, me sorprendo
suspendiendo la mirada y sintiendo que perdemos el tiempo. Cuando llego tarde a
los lugares o cuando llego temprano y tengo baches por donde te colás. Obsesivamente
siento-que-pier-do-el-tiem-po. Entonces, como un antídoto, lo transformo en una malla reticulada y bien
tejida por donde intento que no entres. Pero en un descuido la malla se abre, en
un agujero infinito, que trato tristemente de remendar. Uno desespera y torpemente
los hilos. Mal cosida, apenas hilvanada (ya la malla perdió su consistencia
original) no me cubre de repentinos accesos. Y entonces, todo se enrarece y me
encuentro juntando los pedazos otra vez.
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