sábado, 28 de diciembre de 2013

eStReNo AlEgRía
De repente estoy frente al espejo del baño, me miro, me sonrío, me digo que no está tan mal. Me perdono. Me encojo de hombros y  salgo. Tarareo una canción mientras pongo el agua a calentar. Me suelto el pelo. Sigo sonriendo (me). Voy a la habitación. Siento la frescura del mosaico en la planta del pie. Alterno: dedo gordo /talón para conectar.  De pasada  miro de reojo por el espejo del pasillo. Me veo pasar. Voy al placard, saco ese vestido de un año atrás y me lo pongo. Toco la tela suave donde mis dedos resbalan. Lo huelo (maldita costumbre de olerlo todo). Memiropordentro. Me calzo los zapatos altos. Hago un poco de equilibrio. Con un pañuelo de flores improviso una vincha. Me siento de piernas cruzadas y me tomo el primer mate del día.

Recuperar la alegría y llevarla como bandera, estirarla todo lo que se pueda, para que no  se arrugue ni se encoja.  Que no se deshilache. Cuidarla como a un fueguito entre las manos, como arena  siempre a punto de escabullirse entre los dedos. Una alegría recién conquistada, recién estrenada.



jueves, 26 de diciembre de 2013

 DoS  cHaRcOs

Hacía un rato había parado de llover pero, como dice Oliverio, ella se lo había llorado todo. Como lo leyó no hace mucho (y ella estaba de acuerdo con eso), lo bueno del llanto, de llorar a borbotones, es que te deja íntegra. Finalmente. Casi de manera sincronizada, con el repiquetear de las últimas gotas en la calle– ese que sonido que siempre pero siempre da un poco de nostalgia aunque una no esté triste- cesó el llanto. Ahora no sabía qué hacer. Miró por la ventanita rectangular de la cocina y vio el asfalto lustrado. Las primeras luces de la calle empezaban a prenderse. Pudo ver además el momento exacto en que una gota de lluvia, una de esas últimas, se suspendía en una hoja de tilo. Tuvo repentinas ganas de salir, ganas aparecidas no sabía de dónde pero ganas al fin. Con lo que le costaban las ganas últimamente. Puso agua para el mate y buscó paraguas, casi al mismo tiempo. Volvió a la ventana. Apagó el fuego. Comprobó la traba del paraguas. Dos charcos, ahí afuera, la invitaban. Apagó la luz y salió. Ella y sus ganas.

domingo, 22 de diciembre de 2013

sEcReTo


Dale, decime que sí, que podés,  que querés,  que desde el momento en que oliste mi pelo quisiste, desde que me escuchaste hablar y reírme a carcajadas, que desde que oíste todo lo que pensaba acerca de la vida me quisiste,  pero que disimulabas. Dale decímelo. Yo estoy hace rato como una nena  esperando, dando pataditas al aire y mirando de reojo. Dale, decímelo que no se lo cuento a nadie.
CoMO UnA  eSpInA


Como sacarse una espina. Con  esa voluntad, con esa decisión, con esa obstinación. Extirparla. Duele. Duele antes, durante y después. Se necesita voluntad y ganas de no sentir más el pinchazo. Me olvido pero de a ratos la puntada me recuerda que sigue ahí. El dolor brota, revive en el momento menos esperado Durante días me digo a mi misma que no me duele, que puedo convivir con ella. ¿Sacarla de manera invasiva? dudo. Pinza, apretón. Que mi cuerpo la reabsorba. Pero no. Últimamente parece que en él  sólo hay lugar para el dolor. Para clavarse espinas. No las expulsa ni las absorbe. La mantiene en la superficie, visible y doliente. Pero extirparla… se necesita determinación. No estoy segura de qué dolor me dolerá menos,  cuál aguantaré más: el pinchazo intermitente o el vacío que deja la ausencia de la espina.
ExÉgeSiS dE uN sUeÑo

Ella me dice que el médico o el analista –no sé bien-le indicó eso "leé todo"( …)acá se entrecorta como en una viaje película y no recuerdo bien. Pero es una obra clásica, algo griego. Una obra de la etapa antigua, enorme. Aparece la palabra: e x é g e s i s. Leélo de punta a punta y hacé la interpretación de cada frase, de cada párrafo. Así hasta terminar. En el sueño también estamos  ella y yo grandes pero estamos vestidas como en esa foto en la que tenemos doce años y nos fuimos de excursión con el colegio: jogging, buzo y colita baja. Ella con un buzo rosa agarrada de lo que parece ser la reja circular de un zoológico, yo igual. Es de noche. Yo la escucho (y la miro como extasiada). Estamos frente a frente como hace mucho en una actitud de balanceo. Ella no adivina lo que yo estoy pensando, lo que hay en mi cabeza: leer para no pensar, leerlo todo, sin dejar un espacio, sin dejar huecos en el tiempo, algo tedioso e inacabable. Algo que te obligue a no pensar más. Como una autómata .Leer como una autómata. Claro era eso. Ahora entiendo el frenesí. El sueño termina ahí. Una revelación. Mientras leo no recuerdo. Olvido, escondo, opaco. Me fugo. A veces le sonrío y vuelvo a creer. Me entusiasmo, me construyo, me armo sin estar al borde del derrumbe. Fluyo, detengo el tiempo: quenopaseloquepasó.

En retrospectiva justifico la pila indomable de libros en mi mesa de luz y me reciente voracidad compulsiva: dejar, empezar, empezar, dejar .No pensar.Leé todo.Hasta terminar, sin saltarte puntos ni comas No hagas trampa Como estudiando cada parte, como haciendo una exégesis, como memorizando, como un  monje medieval. Para que el deseo no entre y el dolor se  disuelva entre las palabras. Y si podés susurrar mientras lées mejor. Aturdíte. Decí las palabras de manera solemne pero no pares. Hasta terminar.